Europa: el terror que llegó para quedarse

BERLÍN (apro). El encuentro el pasado 17 de noviembre entre las selecciones de futbol alemana y holandesa, eternos rivales en la cancha, tenía esta vez un significado especial, más allá del deportivo. Se había convertido ante todo en un símbolo de democracia y libertad y de solidaridad con el pueblo francés que sólo cuatro días antes había sufrido el mayor atentado terrorista de los últimos tiempos.

Ya estaba todo listo para esa noche especial: la HDI Arena de la ciudad de Hannover, con capacidad para 45 mil espectadores, estaba decorada con los colores azul, blanco y rojo y una gran bandera francesa ondeaba enlazándose con la alemana como símbolo de fraternidad. Desde dos horas antes de que iniciara el partido la orquesta de la ciudad ensayaba sobre el césped de la cancha la Marsellesa que sería entonada antes del pitazo inicial; los primeros asistentes comenzaron incluso a ingresar al estadio y a ocupar sus sitios.



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