MÉXICO, D.F., 3 de septiembre (apro).- “Que ellos sean los últimos”, clamó Abdulá Kurdi, cuya esposa Rihan Kurdim y sus hijos, Galib de cinco años y Aylan de tres, fueron arrancados de sus brazos cuando la pequeña balsa en la que iban se hundió en aguas de la península de Bodrum, al suroeste de Turquía.
El pequeño Aylan se convirtió el miércoles pasado en el símbolo del drama de los refugiados sirios cuando una foto de su cuerpo inerte arrojado por las olas a la playa turca de Ali Hoca Burni, dio la vuelta al mundo.
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