Por la unión de las izquierdas de abajo

CIUDAD DE MEXICO (proceso).- Las recientes elecciones en varias entidades del país confirman otra vez lo que el 8 de mayo de 2011 el Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad (MPJD) dijo al llamar, en el Zócalo de la Ciudad de México, a un pacto de todas las representaciones de la nación para salvarla: “Si no lo hacen (…) no sólo las instituciones se convertirán en lo que ya comienzan a ser, instituciones vacías de sentido y de dignidad, sino que las elecciones de 2012 serán las de la ignominia, una ignominia que hará más profundas las fosas en donde, como en Tamaulipas, están enterrando la vida del país”.

La importancia de ese pacto nunca se entendió; nunca, por lo tanto, se realizó (véase mi novela El deshabitado) y aquellas palabras, para nuestra desgracia, resultaron proféticas: las elecciones, desde entonces, han sido las de la ignominia y desde entonces el país desaparece día con día tragado por las fosas clandestinas de las que está lleno.

La violencia en la “era del show”

CIUDAD DE MÉXICO (proceso).- Lo que vivimos en México en cuanto a asesinatos, desapariciones, tortura y corrupción, es espantoso. Pero lo es más ver que esa realidad se va volviendo parte de nuestra cotidianidad. Podemos hacer convivir nuestra vida diaria –trabajar, ir al cine, tomarnos unas copas con los amigos– con los crímenes más abyectos, como lo hizo la mayoría de los ciudadanos alemanes bajo el nazismo.

Ciertamente nos indignamos –aún las reacciones humanas no se han extinguido del todo–; somos incluso capaces –como sucedió en el caso del asesinato de mi hijo Juan Francisco y de sus amigos o de los muchachos de Ayotzinapa o el del asesinato de Javier Valdez– de unir nuestras fuerzas y salir a protestar y a buscar una solución. Pero pasada la catarsis, la mayoría vuelve a un estado de normalidad, diluyendo su indignación en la ilusión de que con los procesos electorales algo cambiará.

Lo inhumano

CIUDAD DE MÉXICO (Proceso).- Lo inhumano no es una condición animal, no pertenece a nada de lo que a la naturaleza se refiere, ni siquiera pertenece a lo humano –el sufijo “in”, que indica negación, lo revela con claridad. Pertenece, en cambio, a una realidad de orden espiritual: lo demoniaco, que el racionalismo niega y, por lo mismo, permite que continúe operando. “El mayor triunfo del demonio en nuestra época –escribió Baudelaire– es habernos hecho creer que no existe”. Esto no quiere decir que lo demoniaco está fuera de nosotros y que, como en la película El exorcista, llega del exterior para poseernos. Ideas como esas intentan, como muchas de las explicaciones emanadas del racionalismo, exculpar la libertad del ser humano en su propia deshumanización.
En realidad lo demoniaco es una elección de lo humano que se niega a sí mismo. Es su degradación –“no serviré”, es la palabra del demonio, según la mitopoiesis judeocristiana–: “No serviré a lo que soy; lo niego en mí, lo niego en los otros, lo niego en la naturaleza”. Su negación es la búsqueda desesperada del caos, de lo que no tiene rostro, de lo informe, de lo que carece de vida, de lo inhumano.

A bloquear las armas

CIUDAD DE MÉXICO (proceso).- El negocio de las armas ha sido para México un inmenso flagelo desde que en 2006 Felipe Calderón decidió, contra todo sentido de la realidad o con toda la lógica de la perversidad, declararle la guerra al narcotráfico.

Ese negocio atroz, que ha costado cientos de miles de asesinatos y desapariciones, y ha sumido a México en el terror y la desconfianza, amenaza con crecer exponencialmente y ser mucho más letal y destructivo con el ascenso de Donald Trump a la presidencia estadunidense y el sometimiento bovino de Enrique Peña Nieto y los encargados de la política exterior a su lógica persecutoria.

Un cambio de táctica

CIUDAD DE MÉXICO (proceso).- La emergencia nacional, que el Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad (MPJD) puso en evidencia en 2011, parece haber llegado a un grado de descomposición sin retorno con el llamado “gasolinazo” de 2017 y la entrega del país al odio de Trump. Parece, por lo mismo, que los mexicanos hemos tomado al fin conciencia de que nos encontramos en estado de revolución y que ya no es posible seguir gobernados por las partidocracias.

El problema es que ese proceso revolucionario que en los últimos 10 años se ha manifestado a través de marchas, plantones, autodefensas y policías comunitarias ha dejado de ser útil en sí mismo para el cambio. Su poder, a pesar de proliferar a lo largo y ancho del país, no sólo se agotó; comienza a funcionar en favor de quienes desde las partidrocracias han generado esta realidad y pretenden seguir administrándola.

Carta abierta al CNI y al EZLN

CIUDAD DE MÉXICO (proceso).- Queridos compas:

Saludo la determinación que asumieron durante el Quinto Congreso Nacional Indígena de nombrar un consejo de gobierno “cuya palabra sea materializada por una mujer indígena delegada como candidata independiente para contender en el proceso electoral 2018”. Contra la estrecha univocidad de los discursos de las partidocracias y la imbecilidad de los actos criminales que los acompañan, le han dado de nuevo al país no sólo una lección de imaginación, dignidad y valentía. Le han dado también una bocanada de oxígeno en medio de tanta muerte, de tantas desapariciones, de tantas fosas clandestinas creadas al unísono por el crimen organizado y las fiscalías (recuerden las de Tetelcingo en Cuautla, Morelos, fabricadas no por Los Zetas, sino por un gobernador que se ostenta como un “hombre de izquierda progresista”).

Devastación moral por obra del Estado

CIUDAD DE MÉXICO (proceso).- El golpe que Javier Sicilia y su familia recibieron a raíz del asesinato de su hijo Juan Francisco y sus amigos llevó al poeta no sólo a gritar su indignación y a denunciar el crimen ante los corruptos estamentos del poder público; lo empujó a una vertiente de organización de familiares de víctimas pocas veces vista en el país y que dio origen al Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad.

En su novela autobiográfica El deshabitado, que comenzará a circular bajo los sellos Grijalbo y Ediciones Proceso, Sicilia, colaborador de este semanario, se afana en describir su dolor, relata los pormenores de creación del MPJD, narra sus encuentros con Felipe Calderón y otros hombres del poder, y deja ver la honda crisis que a él, hombre de fe, lo despobló de sentido. Con su autorización, aquí se adelantan fragmentos de la obra.

Carta abierta a Enrique Peña Nieto

CIUDAD DE MÉXICO (proceso).- Querido Enrique, no así, querido presidente. Hay, me afano aún en creerlo, una distancia entre el hombre que usted es y el que se expresa en el cargo que detenta. No digo con ello que no haya mucho de Enrique Peña Nieto en las acciones y los discursos del presidente. Digo que usted, en tanto ser humano, es más que esa parte de sí que, en su actuar como representante del Ejecutivo, tiene sumido al país en un horror más profundo que el que heredó de la administración pasada.

Quiero, en este sentido, apelar al corazón que me dijo poseer cuando le reclamé lo contrario en nuestro diálogo en el Alcázar del Castillo de Chapultepec, el 28 de mayo de 2012. Si es así, será capaz de comprender mi crítica y darnos una respuesta en el sentido del corazón, cuyas razones, decía Pascal, la razón –que muchas veces es inhumana– desconoce.

Más sobre la imbecilidad

CIUDAD DE MÉXICO (proceso).- El pasado 5 de septiembre, en el periódico Reforma, Jesús Silva Herzog Márquez, en un lúcido y duro artículo, “La estupidez y la traición”, definió la invitación de Donald Trump a México como “una estupidez” típica de nuestra historia política. La estupidez –cuyo sentido etimológico es “aturdimiento”– es una buena palabra para definir el acto presidencial. Pero hay otra mejor para definir no sólo esa invitación sino la temperatura de la vida política de nuestro país: la imbecilidad.

La imbecilidad es –según las definiciones tautológicas de los diccionarios– la cualidad de los imbéciles. La palabra, al igual que “estupidez”, es muy dura. Connota un insulto. El escritor Georges Bernanos solía llamar “imbéciles” a los políticos y a los intelectuales insensatos. Sin embargo, en su denotación, es decir, en su sentido propio, imbécil no es un calificativo sino un sustantivo cuyo sentido etimológico (del griego imb, “sin”, y de bakulum, “báculo”), se refiere o bien a quien no tiene un soporte para caminar (la sabiduría en la antigüedad y entre los pueblos indios está asociada con la vejez, que se representa con la imagen de un anciano apoyado en un bastón) o a quien ha perdido la autoridad, la realeza (el báculo en nuestra tradición es el bastón de madera, largo y curvo en su extremo superior, que usan los obispos como símbolo de su autoridad espiritual).

Contra los partidos

CIUDAD DE MÉXICO (proceso).- El 6 de julio Hermann Bellinghausen publicó en La Jornada un artículo titulado “La abolición de los partidos”, en el que daba cuenta de un ensayo que Simone Weil escribió entre diciembre de 1942 y abril de 1943 cerca del final de su vida, acaecido en agosto de 1943: Notas sobre la desaparición general de los partidos. A pesar de mi admiración por ella y de mi animadversión por los partidos, lo había olvidado. Instigado por el artículo de Hermann me lo eché de nuevo a los ojos. No sólo es admirable, sino que en su penetración anuncia, de alguna forma, la crisis y el descrédito por los que atraviesan los partidos hoy.

Los partidos políticos, que los regímenes democráticos consideran la panacea de la democracia y sin los cuales, se dice, no existe la vida política, nacieron, recuerda Weil, en la aristocracia inglesa. Al principio, los revolucionarios franceses, que nos darían las democracias modernas, los veían “como un mal que había que evitar”. Sin embargo, bajo la pasión de la guerra y de la guillotina, los clubes jacobinos, que en sus inicios eran lugares de discusión, se convirtieron en un partido totalitario cuyas facciones en pugna –a diferencia de las luchas partidistas en el mundo anglosajón, que siempre mostraron “un carácter de juego, de deporte” – estuvieron gobernadas por la idea que el bolchevique Mijaíl Tomski formularía años después en Rusia: “Un partido en el poder y todos los demás en prisión”.